Estás en tu habitación y alguien deja caer un libro en la cocina. ¡Pum! No viste caer el libro, pero sabes que algo ocurrió. ¿Cómo llegó ese “pum” hasta ti?
El sonido viajó.
Todo comienza con una vibración
Para producir un sonido, algo tiene que vibrar. Cuando golpeas un tambor, su superficie se mueve rápidamente hacia adelante y hacia atrás. Cuando hablas, vibran tus cuerdas vocales. Incluso las bocinas de unos audífonos producen vibraciones.
Esas vibraciones hacen que las partículas de la materia que las rodea también se muevan. Una partícula empuja a la siguiente, esa mueve a otra y la energía continúa avanzando. Así se forma una onda sonora.
Imagina una fila de fichas de dominó. Al empujar la primera, no es esa misma ficha la que viaja hasta el final de la fila. Lo que avanza es el efecto del movimiento. Con el sonido ocurre algo parecido: la onda transporta energía sin llevarse consigo toda la materia por la que pasa.
El sonido no viaja solamente por el aire
Estamos acostumbrados a escuchar sonidos que nos llegan a través del aire, pero las ondas sonoras también pueden viajar por líquidos y sólidos. El agua, una pared, una mesa y hasta el suelo pueden transmitir vibraciones.
De hecho, el sonido no viaja a la misma velocidad en todos los materiales. En condiciones normales, viaja más rápidamente por el agua que por el aire y puede desplazarse todavía más rápido por algunos sólidos. Esto depende de las propiedades del material por el que pasa.
Puedes comprobar que los sólidos transmiten sonido con un experimento muy sencillo: apoya una oreja sobre una mesa mientras otra persona golpea suavemente el otro extremo. Probablemente el golpe te parecerá sorprendentemente claro.
Entonces, ¿hay sonido en el espacio?
Aquí viene lo interesante.
Las ondas sonoras necesitan materia por la cual propagarse. A esa materia se le llama medio. El medio puede ser un gas, como el aire; un líquido, como el agua; o un sólido.
En un vacío, donde no existe un medio que pueda transmitir esas vibraciones, el sonido no puede propagarse. Por eso, aunque las películas nos hayan acostumbrado a enormes explosiones espaciales acompañadas de un espectacular ¡BOOM!, en el vacío del espacio ese sonido no llegaría a los oídos de un astronauta situado lejos de la explosión.
¿Y cómo termina el viaje?
Cuando una onda sonora que viaja por el aire llega a tu oído, hace vibrar el tímpano. El oído transforma esas vibraciones mediante un complejo proceso en señales que finalmente son interpretadas por el cerebro.
Así que aquel “pum” que escuchaste desde la cocina comenzó con un objeto que vibró y terminó con tu cerebro reconociendo un sonido. Entre una cosa y otra ocurrió un extraordinario viaje de energía a través de la materia.
Palabras para recordar
Vibración: movimiento rápido de un objeto hacia un lado y otro.
Onda sonora: perturbación que transporta energía sonora a través de un medio.
Medio: materia por la que puede propagarse una onda sonora.
Piensa
Si estuvieras dentro de una nave espacial y otra nave explotara a cierta distancia, ¿podrías verla? ¿Podrías escuchar directamente la explosión? ¿Por qué?






